
En las antiguas tradiciones de los Andes, la tierra no es un recurso: es una madre viva. Esta ceremonia es un espacio para reconectar con esa sabiduría ancestral, honrar los ciclos de la naturaleza y depositar con intención aquello que deseamos soltar o sembrar en nuestra vida. Guiados por cantos, oraciones en quechua y el uso de elementos sagrados como hojas de coca, flores, semillas y copal, crearemos juntos una ofrenda colectiva, un despacho, como acto de gratitud y reciprocidad con la Pachamama. No se trata de observar un ritual ajeno. Se trata de participar en un acto de presencia, humildad y conexión profunda con la tierra que nos sostiene.
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